Arizónícas y prevención frente a los incendios
El reciente conato de incendio registrado en una zona próxima al Colegio Zola, unido a la situación que hemos vivido este verano en distintos puntos de España, debe servirnos como una llamada de atención. La sequía prolongada y las temperaturas excesivamente altas han favorecido que los incendios forestales sean cada vez más frecuentes y que el fuego pueda acercarse peligrosamente a zonas habitadas y urbanizaciones como las nuestras
En este contexto, las arizónícas merecen una especial atención. Estas plantas se utilizan habitualmente como setos para separar parcelas y proporcionar privacidad, pero cuando forman barreras vegetales altas, densas y continuas pueden acumular una importante cantidad de material combustible. Las ramas secas, hojas y restos vegetales que se acumulan en su interior pueden favorecer la propagación de las llamas de una planta a otra y, en determinadas circunstancias, facilitar el avance del fuego entre parcelas.
Además, durante un incendio, el viento puede transportar brasas y partículas incandescentes a cierta distancia. Si estas encuentran vegetación seca y abundante, pueden originar nuevos focos y contribuir a que el incendio avance con mayor rapidez. Por ello, una fila continua de arizónícas situada junto a una vivienda, una urbanización o el límite con el campo constituye un elemento que conviene valorar desde el punto de vista de la prevención.
Esto no significa que una arizóníca aislada vaya a provocar un incendio ni que sea necesario eliminar todas las existentes. El riesgo depende de numerosos factores: el número de plantas, su tamaño y densidad, su estado de conservación, la presencia de ramas secas, la distancia al monte y a las viviendas, las condiciones meteorológicas y la existencia de otras zonas de vegetación combustible.
Sin embargo, cuando las arizónícas forman setos muy densos y continuos entre parcelas, especialmente en una zona próxima al campo, resulta razonable plantearse su retirada progresiva y su sustitución por alternativas que presenten una menor carga de combustible. Al mismo tiempo, mientras se mantengan, es fundamental realizar un buen mantenimiento, retirar las ramas y restos secos y evitar, en la medida de lo posible, que formen una continuidad de vegetación combustible.
La experiencia que hemos tenido este año cerca del Colegio Zola debería servirnos precisamente para eso: prevenir antes de que llegue el próximo verano. Si las condiciones de sequía, altas temperaturas y episodios de viento vuelven a repetirse, como es posible, sería mucho más prudente haber actuado con tiempo y reducir aquellos elementos que puedan favorecer la propagación de un incendio.
La prevención no consiste en
alarmar, sino en anticiparse al riesgo. Retirar las arizónícas más densas,
reducir la continuidad de la vegetación y mantener las parcelas libres de
material seco son medidas que pueden contribuir a mejorar la seguridad de
nuestras viviendas y de toda la urbanización.
En definitiva, una arizóníca aislada no constituye por sí misma una amenaza, pero un seto alto, denso, continuo y con vegetación seca puede convertirse en un factor de riesgo cuando el fuego se aproxima. La situación que hemos vivido recientemente debe hacernos reflexionar y actuar ahora, antes de que llegue una nueva temporada de calor, sequía y elevado riesgo de incendios forestales.
Lo que comentas en tu artículo encaja con una medida anunciada muy recientemente por la Comunidad de Madrid: Ayer se confirmó una línea de ayudas de 1 millón de euros para que propietarios de parcelas próximas a zonas forestales sustituyan las arizónícas de sus cerramientos por especies más resistentes al fuego.
ResponderEliminarPero hay un matiz importante: por ahora no parece estar publicada todavía la convocatoria concreta, por lo que aún no puedo saber con seguridad cómo se solicita, qué gastos serán subvencionables, qué municipios entrarán o si admitirán trabajos ya realizados.
Además, la Comunidad indica que está preparando cambios normativos para facilitar precisamente la sustitución de estos setos.
Antes de tirar nada:
• Guardo facturas de la retirada y del nuevo cerramiento.
• Con fotografías del estado anterior y del actual.
• Anoto la fecha de la retirada.
• No descarto reclamar los gastos hasta conocer las condiciones de la convocatoria.